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    ¿Son lo mismo dengue y malaria?
    Pregunta:

    Me gustaría saber si el dengue y la malaria son la misma enfermedad.

    Respuesta:

    No, son dos enfermedades distintas.

    Malaria

    La malaria es una enfermedad causada por un parásito protozoario que se transmite con la picadura del mosquito y constituye un problema grave de salud mundial que causa entre 300 y 500 millones de nuevos casos y más de 2 millones de muertes cada año. En gran parte de África, más del 25% de todas las visitas hospitalarias se deben a esta enfermedad.

    El paludismo o malaria es una enfermedad muy extendida que afecta a prácticamente todos los países tropicales. Se transmite a través de la picadura de un mosquito (Anopheles).

    Dado que esta enfermedad puede resultar grave, e incluso mortal, es importante hacer una prevención de la misma. Como en la actualidad no se dispone de una vacuna eficaz, la profilaxis se basará en la conjunción de las siguientes medidas:

    1. Ser consciente del riesgo. Todo viajero que va a zonas de paludismo debe conocer el riesgo de infección, saber como protegerse y consultar a un médico en caso de fiebre.

    2. Medidas para evitar la picadura de mosquitos. Los viajeros deben protegerse contra la picadura de los mosquitos; esto constituye la primera línea de defensa contra el paludismo. Para ello incluimos las siguientes recomendaciones:

    - Evitar, si es posible, salir entre el anochecer y el amanecer pues los mosquitos pican habitualmente durante este período; si se sale por la noche llevar ropa con manga larga y pantalones largos y evitar los colores oscuros que atraen a los mosquitos.

    - Impregnar las partes expuestas del cuerpo con un repelente que contenga N,N–dietil–m–toluamida (deet) o Ftalato de dimetilo, siguiendo las recomendaciones del fabricante, en particular en lo que se refiere a niños pequeños.

    - Alojarse, si es posible, en un edificio bien construido y bien conservado, con tela metálica en puertas y ventanas. Si no se dispone de esta protección deben cerrarse las puertas y ventanas durante la noche. Si los mosquitos pueden penetrar en la habitación, colocar una mosquitera alrededor de la cama fijándola bajo el colchón y asegurarse de que no esté rota y de que ningún mosquito haya quedado atrapado en el interior. Para mejorar la protección puede impregnarse la mosquitera con permetrina o deltametrina.

    - Pulverizar insecticidas, utilizar difusores de insecticidas (eléctrico o a pilas) que estén provistos de pastillas impregnadas de piretrinas o hacer quemar en las habitaciones durante la noche serpentinas antimosquitos que contengan piretrinas.

    3. Quimioprofilaxis del paludismo. Los diferentes medicamentos y las pautas de administración se basarán en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Dado que el tipo de medicación varía según la zona a visitar y que ninguno de estos medicamentos está desprovisto de efectos secundarios, la prescripción de los mismos deberá ser realizada por personal sanitario especializado, en consulta personalizada.

    A pesar de tomar cualquier medicación preventiva, la posibilidad de contraer paludismo no desaparece de forma absoluta. Asimismo, ningún medicamento está libre de efectos secundarios y no deben prescribirse si no hay un riesgo verdadero.

    Para que la quimioprofilaxis tenga efectividad, deberá continuarse durante las cuatro semanas siguientes al abandono de la zona palúdica, tanto si los viajeros vuelven a su país de origen como si van a una zona tropical exenta de paludismo, ya que el parásito que produce la enfermedad puede permanecer acantonado en el hígado durante ese período de tiempo.

    Si durante el viaje aparecieran síntomas de paludismo, como fiebre, sudoración y escalofríos, aún tomando profilaxis medicamentosa, deberá consultar sin demora a un médico. Los síntomas del paludismo pueden, a menudo, ser benignos y hace falta sospechar la enfermedad, si una semana después de la llegada a la zona endémica se declara una fiebre inexplicable, acompañada o no de otros síntomas (dolor de cabeza, flojera y dolores musculares, vómitos, diarrea o tos).

    Dengue

    El Dengue hemorrágico es una enfermedad aguda de origen viral, transmitida por un artrópodo, con un espectro variable de manifestaciones que ha obligado a separarlos en dos grupos: el cuadro que se acompaña de manifestaciones hemorrágicas; el segundo grupo en el cual aparte de lo anterior el paciente presentara compromiso de su estado hemodinámico llegando en algunos casos al colapso y shock, síndrome de shock dengue hemorrágico.

    Los virus del dengue pertenecen al género Flavivirus de la familia Togaviridae, con cuatro serotipos denominados Den-1, Den-2, Den-3 y Den-4, los cuales por su heterogenicidad inmunológica y biológica se ha denominado complejo del virus dengue.

    El vector más conocido del dengue es el Aedes aegypti, de distribución geográfica muy amplia en toda la zona tórrida del globo, el cual en lugar de controlarse, ha venido propagándose en forma alarmante. Mientras no se logré concienciar a la población en riesgo de que la única manera de combatirlo es eliminar sus posibles criaderos domésticos, no se logrará su control.

    Las características clínicas del dengue pueden se diferentes dependiendo de la edad del paciente y la severidad de la enfermedad. Los lactantes pueden iniciar sólo como un proceso febril con erupción maculopapulosa indeferenciada; a medida que aumenta la edad se identifican otros signos y síntomas como astenia, adinamia, mialgias, dolor a los movimientos oculares y cefalea. La fiebre normalmente no dura más allá del quinto día y el exantema puede o no estar presente. El dengue hemorrágico, en principio, es indistinguible del dengue clásico, pero la presencia de alguna manifestación hemorrágica (petequias, equimosis, epistaxis, gingivirragia, melenas, etc., o por lo menos una prueba de torniquete positiva) hace la diferencia clínica. En estos pacientes, además se produce sed intensa por deshidratación, dolor abdominal epigástrico y al final del período febril o después, puede aparecer un segundo exantema muy característico por la confluencia del eritema con petequias, que no desaparecen a la digitopresión y que deja algunas zonas más claras o pálidas que parecen cicatrices si no se conservan cuidadosamente. Algunos niños presentan hepatomegalia; no suele haber ictericia pero puede confundirse con una hepatitis (la cual de suyo puede producirse por el virus dengue). Son frecuentes los derrames serosos (edemas, hidrotórax, ascitis) y ocasionalmente otros como hidrocele, derrame pericárdico o articular.

    El choque suele presentarse entre el tercer y sexto día después del comienzo del periodo febril e inicia en forma insidiosa con palidez, piel fría, pulso débil y rápido, inquietud o tendencia a la letargia y dolor abdominal progresivo que puede confundirse con abdomen agudo por la defensa abdominal que suscita la ascitis presente en algunos casos. La presión arterial (PA) puede disminuir en sus cifras sistólicas y diastólicas o la diferencia entre ellas (presión del pulso (pp)) a menos de 20mmhg. Sino se administran líquidos oportunamente y en las cantidades adecuadas, se puede progresar a choque profundo con presión arterial y pulso imperceptible. La conciencia solo se pierde en fases muy profundas, edema pulmonar no cardiogénico puede presentarse en el curso del choque o sobrecarga del líquido al final del mismo cuando regresan en forma masiva líquidos al espacio intravascular. Si se proporciona una terapia adecuada, el choque no suele durar más de doce horas.

    Si se logra superar la etapa crítica y no se presentan complicaciones, los pacientes se recuperan habitualmente sin secuelas.

    El objetivo fundamental en estos pacientes es revertir las alteraciones fisiopatológicas hasta la normalidad del volumen sanguíneo. Existen criterios de hospitalización: hemoconcentración, vómitos numerosos, sudoración, lipotimia, hipotensión, manifestaciones hemorrágicas, dolor torácico, disnea, hipoventilación, dolor abdominal, cianosis. Se deben tener en cuenta los signos de alarma que contribuyen a decir hospitalización.

    Si el paciente tiene una fiebre por dengue hemorrágico, se inician líquidos orales con sales de rehidratación oral, jugos, Acetaminofén en caso de encontrarse febril. Si él vómito es persistente, hay acidosis o hemoconcentración, se inicial líquidos parenterales con 1500 ml por m2 de superfici,e siendo la mitad en Ringer y la otra mitad una mezcla de glucosa al 5% con electrolitos. La mitad se administra en las primeras 8 horas y el resto en las otras 16 horas, corrigiendo el grado de deshidratación que el paciente presente si es el caso.

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