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Las contracciones uterinas que expulsan al feto comienzan 266 días después de la concepción, en forma de un ligero endurecimiento del útero. En ocasiones, las mujeres pueden haber sentido contracciones similares durante los últimos meses del embarazo, pero pueden reconocer que "ha llegado el momento" porque aumenta la regularidad e intensidad de las mismas.
El trabajo de parto, que es el proceso de cambios uterinos, cervicales y de otro tipo que conducen al parto generalmente comienza cerca de las dos semanas anteriores al nacimiento, cuando cambia el equilibrio entre la progesterona y el estrógeno. Durante la mayor parte de la gestación, la progesterona mantiene relajados los músculos uterinos a la vez que conserva la firmeza del cuello del útero. En el parto, la rápida elevación de los niveles de estrógenos estimula la contracción del útero y hace que el cuello se torne más laxo. El momento del parto parece estar determinado por la velocidad con la cual la placenta produce una proteína llamada hormona liberadora de corticotropina (CRH), la cual también promueve la maduración de los pulmones fetales con el fin de prepararlos para la vida fuera del útero. A partir del quinto mes de gestación, la producción de CRH permite predecir si un bebé nacerá antes o después.
El parto vaginal normal ocurre en cuatro etapas superpuestas:
En 1996, el monitoreo electrónico fetal fue utilizado en el 83 % de los nacidos vivos en Estados Unidos para controlar la frecuencia cardiaca fetal durante el parto y el alumbramiento. El procedimiento tiene como propósito detectar la falta de oxígeno, la cual puede conducir a daño cerebral. Puede suministrar valiosa información en los partos de alto riesgo, incluyendo aquellos en los que el feto es muy pequeño o parece sufrir. No obstante, el uso rutinario de monitores en los embarazos de bajo riesgo presenta desventajas. Es costoso, limita los movimientos de la madre durante el parto, y, lo que es más importante, ocasiona una tasa elevada de "falsos positivos", sugiriendo que los fetos están en dificultades cuando en realidad no lo están. Tales señales pueden hacer que los médicos opten por una intervención cesárea, procedimiento de mayor riesgo que el parto vaginal.
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