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Al aumentar el ácido úrico se produce su depósito, en forma de cristales afilados, en las articulaciones, sobre todo de partes inferiores del cuerpo (pies y piernas). Este depósito produce una inflamación de las articulaciones con un dolor intenso que se llama ataque de gota agudo. Otra parte de los cristales se elimina por la orina en forma de piedras produciendo cólicos renales.

Si los ataques de gota son persistentes se producen lesiones deformantes en las articulaciones, formando los llamados tofos gotosos que producen las lesiones de la artritis gotosa crónica.
Esta alteración del metabolismo afecta a 2/1000 personas.
La relación con otras enfermedades crónicas como son la obesidad, hipertensión, hiperlipemia (aumento de la grasa de la sangre) y la diabetes es muy frecuente, por lo que las complicaciones de éstas también aparecen en esta enfermedad (accidentes vasculares cerebrales y ataques cardiacos).
El diagnóstico de la gota se realiza por la clínica de artritis aguda con dolor e impotencia funcional en una persona joven, se confirma con un análisis del ácido úrico en la sangre, que se encuentra elevado. A veces si la artritis es más persistente se realiza un análisis del líquido sinovial (se extrae con una aguja de la articulación) para ver si hay cristales de ácido úrico. La Rx de la articulación suele mostrar los tofos gotosos en una artritis cronificada.Se debe bajar el ácido úrico circulante mediante medicamentos uricosúricos (que aumentan la eliminación renal de ácido úrico), y también de drogas que bloquean la producción de ácido úrico por el organismo (Allopurinol).En los ataques de artritis gotosa se usan los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), principalmente la Indometacina, ya que la Aspirina® debe evitarse en estos casos. La colchicina se usaba como medicamento antigotoso, pero su mala tolerancia intestinal suele contraindicarlo.