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Las características principales del síndrome de Asperger son la incapacidad grave y permanente para la interacción social y conductas, intereses y actividades repetitivas y restringidas. El trastorno puede causar serios problemas en la vida laboral, afectiva y social.
Pueden darse torpezas motoras, si bien suelen ser bastante ligeras, pero pueden contribuir al rechazo por parte de los compañeros y al aislamiento social. En este trastorno son frecuentes los síntomas de hiperactividad e inatención y muchas veces va asociado a un trastorno depresivo.
En contraste con el trastorno autista, en el síndrome de Asperger no se dan deficiencias en el lenguaje, aunque pueden estar afectados algunos aspectos más sutiles de la comunicación social, como el intercambio típico de una conversación. Además en los tres primeros años de vida no existen retrasos importantes en cuanto la expresión de la curiosidad por el ambiente o la adquisición de habilidades del aprendizaje y conductas adaptativas apropiadas para la edad.
El pronóstico es significativamente mejor que en el trastorno autista, pues los estudios de seguimiento sugieren que, al llegar a la vida adulta, muchos de estos individuos son capaces de obtener un empleo y de ser autosuficientes.