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¿Qué opciones hay para el tratamiento del hipertiroidismo?

Pregunta

Tengo hipertiroidismo y me interesa saber las consecuencias y reacciones que puedo esperar al quemarme la tiroides. Me han dicho que me voy a sentir muy mal durante unos 3 meses, pero siento que no me están dando toda la información.

Llevo un año con medicamento y no me siento nada bien, quiero valorar si me conviene quemármela. Si me pudieran dar toda la información al respecto, se lo agradecería.

Respuesta

Suponemos que usted tiene una enfermedad tiroidea que le está produciendo un aumento de la función de esta glándula: un hipertiroidismo, y que no se ha controlado a pesar de llevar con medicación antitiroidea el tiempo correcto.

Y también suponemos que al no responder le han indicado el tratamiento mediante la ablación tiroidea con yodo radiactivo. Este tratamiento consiste en la administración terapéutica de radioyodo para destruir parcialmente el tejido tiroideo hiperfuncionante.

El objetivo del tratamiento es eliminar una parte de las células tiroideas de manera que, proporcionalmente, disminuya la actividad funcional glandular.

Actualmente, los tratamientos utilizados para el hipertiroidismo son de tres tipos: fármacos antitiroideos, ablación tiroidea con Iodo-131 y cirugía.

La indicación de cada uno es dependiente de cada caso particular, sin ser posible valorarlo mediante una consulta on-line, pero en su caso, se supone que tras el tratamiento con fármacos no se ha obtenido respuesta, o bien si se ha logrado inicialmente para luego recidivar.

Esta situación no es rara, ya que la tasa de recidivas tras el tratamiento médico oscila entre el 35 y el 60 % y no tiene sentido prolongar su administración durante más de 12-18 meses (aunque cada caso es individual).
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Si los fármacos han fracasado, la decisión de realizar la ablación (o supresión) del tejido hipertiroideo funcionante mediante cirugía o con Iodo-131 va a depender de múltiples factores de cada enfermo e incluso de cada zona del mundo, ya que esta técnica es mucho más utilizada por los especialistas de América que los de Europa, que prefieren la extirpación quirúrgica.

El resultado final es más favorable a la cirugía, en el sentido de que la recidiva de la enfermedad solo se produce en el 5 % de los casos, mientras que en el tratamiento con yodo radioactivo es del 20 %. Sin embargo hay que tener muy en cuenta los efectos secundarios de la cirugía, potencialmente mayores que con el yodo y alguno de ellos irreversibles, lo que hace que muchos especialistas prefieran inicialmente el yodo y si este fracasa siempre quedará la cirugía como tratamiento definitivo.
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Es importante reseñar que la frecuencia de aparición de efectos secundarios en la cirugía dependerá mucho de la experiencia del equipo quirúrgico.

En resumen: tanto la cirugía como el tratamiento con I-131 son eficaces y seguros, y la elección de uno u otro se realizará teniendo en cuenta los tratamientos previos, problemas de salud añadidos, edad, posibilidad de embarazo y la experiencia de los especialistas.

Como regla general las indicaciones de la cirugía son:
  • No tolerancia a otros tratamientos.
  • Infancia.
  • Sospecha de cáncer subyacente.
  • Hipertiroidismo en un nódulo solitario o bocio grande.
  • Contraindicaciones para el I-131 o los fármacos antitiroideos (embarazo o lactancia).
Sus efectos secundarios más frecuentes son:
  • El riesgo anestésico inherente a toda intervención de cirugía mayor.
  • La parálisis del nervio recurrente.
  • El hipoparatiroidismo si se extirpara inadvertidamente la glándulas paratiroides.
  • El hipotiroidismo, que puede ser corregido mediante un tratamiento sustitutivo.
Las complicaciones en el uso del I-131 son:
  • Puede producirse una tiroiditis.
  • Un aumento pequeño y relativo del riesgo de sufrir cáncer de tiroides.
  • Puede empeorar la oftalmopatía de la enfermedad de Graves.
  • Hipotiroidismo que habrá que compensar con tratamiento.
El efecto del tratamiento con el yodo puede no ser apreciable hasta pasado uno o dos meses por lo que, en algunos casos, es necesario seguir con el tratamiento antitiroideo durante un tiempo. En algunos casos, es necesario repetir el tratamiento al no ser efectiva la primera dosis.

Habitualmente se suspende el tratamiento antitiroideo tres o cuatro días antes de la administración fármaco. Tampoco puede ingerirse sal yodada y alimentos con alto contenido en yodo, ni fármacos que interfieran la incorporación de radioyodo (amiodarona, ansiolíticos, antidepresivos, etc…).

El radioyodo se administra por vía oral en dosis única tras permanecer el paciente en ayunas las seis u ocho horas previas, y este fármaco se concentra rápidamente en el tejido tiroideo y produce una ablación glandular en 6-18 semanas.

Aunque no se requiere la hospitalización del paciente, en muchos países la recomiendan durante las 24 horas siguientes al tratamiento.

En los días siguientes se puede notar molestias en el cuello por la inflamación del tiroides, e incluso exacerbarse los síntomas de la enfermedad hipertiroidea (palpitaciones, ansiedad, fiebre), que pueden requerir un aumento del tratamiento con antitiroideos. Aunque también pueden presentarse, la afonía y dificultad respiratoria son poco frecuentes.

La complicación tardía más frecuente es la hipofunción tiroidea permanente (10 % de los casos). Esta complicación no es predecible y si se presenta, obligará al tratamiento mediante suplementos de hormona tiroidea de por vida y de una tolerancia excelente. Asimismo puede que se suceda rápidamente tras el tratamiento o bien de forma progresiva y lenta a lo largo del tiempo, por lo que se precisa un seguimiento estricto del paciente.

A las dosis empleadas no existen riesgos apreciables secundarios a la irradiación y solamente se deben seguir unas normas básicas para la familia, que se le indicarán en el momento de su administración.

No se ha demostrado que exista un incremento valorable de la incidencia de tumores en pacientes tratados con radioyodo a dosis de tratamiento de hipertiroidismo.

La administración del tratamiento con radioyodo esta contraindicada en pacientes embarazadas por el riesgo de que la radiación afecte al desarrollo del niño antes de nacer. Por ello, no deben embarazarse hasta al menos seis meses tras el tratamiento. Una vez transcurrido este tiempo ya no se corren riesgos apreciables.
foto de Dr. José Antonio Zumalacárregui
RESPONDIDA POR

Dr. José Antonio Zumalacárregui

Fecha de revisión: 25/04/2018

¿Qué médico me puede tratar?

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