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¿En qué consiste la inducción del parto?

Pregunta

Estoy en mi semana 41 de embarazo y según mi doctora, la semana que viene puede ser que me induzcan el parto. Quisiera saber en qué consiste todo el proceso y si hay posibilidad de que me hagan cesárea, ¿en qué caso?

Respuesta

Inducir el parto significa aplicar un procedimiento para iniciar trabajo de parto antes de que se presente de forma espontánea. Un parto provocado es un poco más complicado que un alumbramiento natural, pero es la alternativa previa a un nacimiento por cesárea, ya que este último siempre conlleva más riesgo que uno por el canal de parto.

La inducción al parto se puede practicar, como regla general, a partir de la semana 38 del embarazo. Las situaciones que conducen a un parto inducido son:
  • Cuando pasadas 12 horas desde la rotura de aguas, no se origina el parto. En esos momentos hay mucho peligro de infección para el bebé, por lo que es necesario provocar el nacimiento.
  • Tras 42 semanas de gestación no se ha dado el nacimiento. Existe el riesgo de envejecimiento de la placenta y, por lo tanto, de infección para madre e hijo, o falta de oxígeno para el niño. Esto se detecta mediante la aparición de signos de sufrimiento fetal.
  • Siempre que se produzca algún trastorno en la madre o en el feto que haga aconsejable la salida del bebé para prevenir riesgos. Los casos más frecuentes son los de madres con insuficiencia cardiaca, diabetes, o cuando se han tenido hemorragias antes o durante el parto.
Hay 3 métodos de inducción al parto:
  • Suministrar a la madre una hormona sintética, llamada oxitocina, que provoca las contracciones del útero.
  • El proceso llamado amnioresis es otra forma de inducción al nacimiento. Se rompen las membranas que contienen al feto (sin dañarlo) a través de un instrumento que se introduce en el canal de parto, provocándose así el comienzo del parto. Aunque explicado así parece doloroso para la madre, no lo es.
  • Se aplica en el cuello del útero unas sustancias llamadas prostaglandinas en forma de gel que se encargan de generar las contracciones y dilatar el cuello uterino.
En cada uno de estos procedimientos, el alumbramiento está muy controlado a través de la monitorización que permite vigilar las pulsaciones del bebé y las contracciones de la madre. En general, no tiene porqué haber ninguna complicación.
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Y en cuanto al dolor, el parto inducido no es ni más ni menos traumático que uno natural, aunque habitualmente es menos doloroso porque hay una preparación previa.

Por último, si en un nacimiento provocado se presenta alguna alteración de última hora se suele realizar un alumbramiento por cesárea.

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