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Las fobias concretas son aquéllas en las que, ante un objeto, situación o actividad se da una intensa sensación de ansiedad, provocando la total evitación.
Se clasifican en fobias a animales (arañas, serpientes, perros, ...), al ambiente natural (tormentas, altura, agua, ...), a la sangre/inyección/daño, a situaciones (viajar en avión, ascensor, conducción), y de otro tipo.
Los miedos a objetos o situaciones concretas son muy frecuentes, tanto en niños como en adultos. La mayoría son transitorios y no alteran, al menos de forma importante, el funcionamiento diario de la persona. Pero algunos casos son de suficiente intensidad como para interferir en el desarrollo del sujeto, y es en estos casos cuando estos miedos se denominan fobias.
En estas fobias, el miedo no suele ser tanto al objeto o situación en sí misma, sino sobretodo a las consecuencias negativas que pueda tener el contacto con ese objeto, o el hallarse en esa situación. Así el miedo se dará a la mordedura en caso de fobia a las arañas, a los accidentes en una fobia a conducir, a la asfixia en una claustrofobia, ...
El sujeto evita o escapa de la exposición al estímulo (objeto, situación o actividad) fotógeno y, si no lo consigue, muestras inmediatamente una intensa reacción de ansiedad. Reconoce la irracionalidad del miedo, pero evita el objeto o la situación, o la soporta con intenso malestar.
Estos sujetos experimentan ansiedad solo con pensar en la posibilidad de confrontación con el estímulo fóbico. Cuando están en la situación temida, o la anticipan, experimentan profundo malestar e inquietud, a la vez que pueden aparecer síntomas somáticos: rubor facial, sudores, palpitaciones, temblor, tensión muscular, sensación de vacío en el estómago, boca seca, escalofríos, etc.
Las fobias se corrigen con éxito en consulta, a través de diferentes técnicas.