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La disminución de la función de las glándulas lagrimales es lo que produce el cuadro del ojo seco. A veces se puede complicar y presentar un engrosamiento secundario de la córnea y una disminución de la agudeza visual. Es más frecuente en personas de más edad, o asociado al uso continuado y durante años de lentes de contacto.
La posibilidad de quemaduras por productos químicos volátiles o por exceso de temperatura son otras de las posibles causas. En ocasiones, el ojo seco es secundario a otras enfermedades reumáticas y otras similares.
Los síntomas del ojo seco van desde una irritación leve con una sensación de arenillas o de tener un cuerpo extraño dentro del ojo hasta una molestia grave acompañada de sensibilidad a la luz (fotofobia).
El médico puede hacer una prueba de Schirmer para medir la tasa de humedad de una tira de papel calibrado que se coloca en el extremo del párpado, para poder medir la cantidad de lágrima que se produce.
Además puede inspeccionar la película que se le toma a la lágrima con la lámpara de hendidura (biomicroscopio). Se puede colocar un colorante como la Fluoresceína o Rosa Bengala en el ojo para hacer que dicha película sea más visible.
También es posible hacer un estudio general para descartar enfermedades reumáticas que puedan producir secundariamente el ojo seco.
En el ojo seco secundario al uso de lentes de contacto lo que se recomienda es usar poco tiempo las lentes de contacto, que estén en buen estado de conservación y porosidad, etc.
Como tratamiento, se pueden usar lágrimas artificiales como gotas, durante el día, para humedecer y los ungüentos lubricantes, por las noches, que pueden servir para casos más graves.
También se pueden colocar pequeños tapones en los conductos de drenaje de las lágrimas para ayudar a que éstas permanezcan por más tiempo en la superficie del ojo.
El ojo seco poco tratado puede llegar a producir úlceras o infecciones de la córnea son complicaciones importantes.