La enuresis es un trastorno de la excreción que está caracterizado por la emisión voluntaria o involuntaria de orina en la cama o en la ropa.
Se habla de un comportamiento clínicamente significativo cuando esto se manifiesta con una frecuencia de al menos dos veces por semana por un mínimo de tres meses consecutivos o cuando existe presencia de un malestar emocional o deterioro en la vida social, familiar u académica.
Para diagnosticar este trastorno se requiere que la edad mínima sean 5 años o que el niño/a tenga un grado de desarrollo equivalente.
Es importante que esta conducta no se pueda atribuir a efectos fisiológicos de una sustancia como por ejemplo un diurético o antipsicótico u otra afección médica como la diabetes, la espina bífida o epilepsia.
Actualmente la Sociedad Internacional de la Continencia Infantil (ICCS por sus siglas en inglés), distingue dos tipos de incontinencia:
Además de estas dos subcategorías, se pueden considerar estas otras dos opciones para hacer un análisis:
En general el tratamiento se basa en la uroterapia, que tiene una alta aceptación a nivel internacional y que está basada en principios de terapias cognitivo-conductuales como planes de comportamiento, reestructuración cognitiva y motivación. Sólo si es necesario, esto puede ir acompañado de apoyo farmacológico.
Otros elementos que son considerados dentro de la uroterapia son la entrega de información y desmitificación de este trastorno en los adultos, una reestructuración de algunos hábitos respecto a la alimentación y el líquido que se ingiere, una documentación de los síntomas y los tiempos en que ocurren los episodios de enuresis y también una contención y apoyo por parte de los adultos al momento en que el niño/a va al baño.
Es importante que no se le reprima al niño/a cuando tiene estos episodios ya que esto puede generar más sentimientos de frustración y perjudicar el proceso de reeducación. Por el contrario, se le debe motivar cuando logre avisar e ir al baño, así esa conducta quedará marcada como positiva.
Las alarmas consisten en una esponjita que se coloca en el pijama del niño y que está unida por medio de un cable a un timbre que se fija al hombro o al brazo del niño; cuando se moja la esponjita suena la alarma. Actualmente hay modelos de alarmas inalámbricos, y que en lugar de hacer sonar un timbre funcionan en forma vibratoria.
De cualquier forma, cuando la esponja se moja, se cierra el circuito eléctrico y la alarma suena o vibra. El niño puede responder al ruido o a la vibración levantándose justo al activarse la alarma, o sea, al inicio de que empieza a orinarse, lo que le permite que termine de hacerlo en el baño.
La alarma ayuda a condicionar al niño a que contraiga el esfínter y se levante al baño a terminar de vaciar la vejiga. Su mecanismo de acción puede incluir que el cerebro aprenda a aligerar el sueño, o que el músculo que forma la vejiga (llamado detrusor) aprenda a relajarse durante el sueño, aumentando así su capacidad.
Por lo general, varias noches después del uso de la alarma muchos niños se despertarán de forma espontánea. Puede llevar hasta varias semanas que el niño logre dejar de mojar la cama. Se recomienda suspender la alarma cuando el niño es capaz de mantenerse seco toda la noche a pesar de tener una ingesta de líquidos normal. En el caso de una recaída, se reinicia la restricción de líquidos y el uso de la alarma hasta que se alcance un mes sin mojarse.
El porcentaje de niños que se curan con este tratamiento es variable. Las alarmas que existen actualmente son seguras y no tienen efectos colaterales.
Uno de los medicamentos que se pueden utilizar para el tratamiento de la enuresis es la desmopresina, un análogo de una hormona antidiurética. Este fármaco se administra oralmente entre 30 a 60 minutos antes de que el niño/a se vaya a la cama.
Se ha visualizado según estudios que un 30% de los niños/as logran llegar a no tener episodios de enuresis y un 40% llega a tener un resultado parcial, pero también se ha visto que un 50% tiene recaídas. Si el medicamento después de 4 semanas no hace efecto debería ser retirado y probar con otros tratamientos.
En general, las enuresis pueden remitir de manera espontánea debido al proceso de maduración y de conseguir que los niños/as a controlen su esfínter.
En la medida que se consulte y se haga un programa de tratamiento, en general este trastorno tiende a tener un buen pronóstico. Es importante acudir a un profesional si se ven este tipo de eventos en el niño/a para evaluar si requiere más que un tratamiento cognitivo-conductual o si responde a alguna causa orgánica.
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