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La hernia discal es una enfermedad en la que parte del disco intervertebral (núcleo pulposo) se desplaza hacia la raíz nerviosa, la presiona y produce lesiones neurológicas derivadas de esta lesión.
El disco intervertebral es un cartílago situado entre las vertebras de la columna vertebral. Tiene la función de amortiguador del choque entre los cuerpos vertebrales.
El disco puede dañarse por traumatismos o por cambios degenerativos diversos. La salida del núcleo pulposo hacia el canal vertebral, a través del anillo fibroso postero-lateral (ligamento amarillo), provoca un estrechamiento del canal intervertebral, por donde sale la raíz nerviosa, y como consecuencia se produce la compresión de la raíz nerviosa.
Si la presión es débil se altera la sensibilidad, si es mayor se altera la función motora. Esto es debido a que en la superficie la raíz nerviosa tiene las terminales sensitivas (por lo que se dañan ante presiones leves), y en el interior se encuentran las terminaciones motoras, aguantando más la presión suave y dañándose si la presión es intensa.


En ambos casos se produce dolor en las partes laterales y posterior del muslo.
El dolor de estas lesiones se agrava con la tos, estornudos o el alargamiento del nervio ciático.
Los síntomas y la exploración de la sensibilidad, movilidad y reflejos motores nos ofrecerán un mapa perfecto de la posible raíz afectada. Por ello tan solo nos queda confirmar el proceso mediante una RMN (Resonancia Magnética Nuclear) ó un TAC (Tomografía Axial Computarizada).
En ocasiones se plantea realizar un estudio de la conducción nerviosa mediante una exploración Electromiográfica.
Lo primero es intentar parar el traumatismo continuado con un descanso total.
Se tiende a realizar una laminectomía y discectomía como métodos de descompresión de la raíz.
Esta técnica se realiza mediante anestesia general. Se accede a la columna a través de la espalda, se realiza un curetaje del núcleo pulposo herniado y se rompe la lamina de la vertebra. De ésta forma la raíz nerviosa queda descomprimida al darle más tamaño al canal de salida intervertebral del nervio.
La recuperación inicial es en 3 o 4 días, para seguir en descanso total por un periodo variable de 2 a 4 semanas.
A partir de este tiempo se deben comenzar unos ejercicios de rehabilitación para conseguir una recuperación aceptable.
En la mayor parte de los casos el dolor de espalda permanece por 1 ó 2 años, las alteraciones neurológicas son más agradecidas a corto plazo. Si se realizan ejercicios adecuados y se controlan bien los movimientos con pesos y otras actividades la recuperación casi total puede obtenerse en 3 años.
infografía gentileza de consumer eroski