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¿Qué deberíamos saber?

Una de las pérdidas más trágicas es la muerte de un bebé. Se han realizado grandes adelantos para proteger las vidas de los niños, pero estas mejoras no se encuentran uniformemente distribuidas en la población. Aún mueren demasiados bebés, algunos de ellos sin razón aparente, sin manifestaciones ni explicación.

En las últimas décadas, las posibilidades de sobrevivir a los primeros años de vida han aumentado en todas las regiones del mundo. La mejoría es especialmente notable en las áreas de desarrollo de África, Oriente Medio y el sur-oriente asiático, donde la amenaza de muerte temprana por causas como complicaciones del parto, trastornos neonatales, diarrea, enfermedad respiratoria y enfermedades que pueden prevenirse mediante vacunación sigue siendo grande. En 1998 se calculó que a nivel mundial morirían 7,7 millones de niños antes de su primer año, el 14% del total de las muertes. Sin embargo, la larga gran mayoría de esta tasa muere en los países en vías de desarrollo.

La tasa de mortalidad infantil, es decir, la proporción de bebés que fallece en su primer año, es más baja que nunca, en parte consecuencia del eficaz tratamiento de la dificultad respiratoria y la prevención del síndrome de muerte súbita (SIMS), e igualmente de los avances médicos para mantener vivos a los bebés más pequeños y tratar a los neonatos enfermos. Sin embargo mueren demasiados bebés: 28486 en 1998. El país industrializado donde más bebés mueren es EE.UU. Y donde menos en Japón. Las tasas de supervivencia superiores de los bebés de Europa occidental y del Pacífico pueden atribuirse a la atención prenatal y postnatal gratuita.

Como en el resto de los países desarrollados, en España la mortalidad infantil ha experimentado un descenso importante, ya que ha pasado de 18,9 por cada 1.000 nacidos vivos en 1975 a los 5,5 de 1995. Este descenso se ha producido en todos los capítulos: mortalidad neonatal (12,6 en 1975 y 3,5 en 1995), postneonatal (de 6,3 a 2,0) y perinatal (de 21,1 a 6,0). Sin embargo, estos buenos resultados no han sido homogéneos en todas las Comunidades Autónomas, existiendo diferencias importantes entre los valores de estas tasas a nivel de las mismas y siendo La Rioja de la Comunidades Autónomas con unas tasas de mortalidad infantil y perinatal más elevadas del país. La edad materna no es un factor en la mortalidad neonatal; los bebés nacidos de adolescentes y de mujeres adultas tienen las mismas posibilidades de sobrevivir. Sin embargo, los bebés de las jóvenes tienen mayor riesgo de morir en las cuatro semanas iniciales debido al mayor riesgo de nacer con bajo peso, sobretodo en los bebés afro americanos (los bebés negros tienen un probabilidad dos y medio veces mayor de fallecer que los bebés blancos).

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