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Mi hijo tiene alergia atópico y quiero saber más del diagnóstico, tratamiento y progresión

Pregunta

Tengo un niño de 18 meses y ha diagnosticado como alérgico atópico, todo esto debido a que es alérgico al huevo y después de las pruebas pertinentes, le han diagnosticado lo anterior.

El niño, desde los 5 meses que tuvo bronquiolitis, no ha dejado de tener bronquitis siempre; también hay que decirlo, coincidiéndole con la salida de un diente nuevo.

Le estoy tratando con Pulmicort inhalado (2 inhalaciones cada 12 horas). Por lo que estoy experimentando, es alérgico a bastantes alimentos porque el otro día se me ocurrió darle Fibracao (de herbolario), en vez de Colacao (que ya había tomado en otras ocasiones sin ninguna intolerancia) y le dio una reacción que le tuve que llevar a urgencias, mandándole Polaramine. Llevo dándoselo 5 días y ahora es cuando le está haciendo efecto ¿Es normal? el próximo miércoles le voy a llevar al Centro Europeo de Alergología y me gustaría saber si le hacen pruebas de alergia a esta edad ¿Son fiables? ¿Existe algún otro medicamento antihistamínico que le vaya bien si le vuelve a ocurrir?

Respuesta

Ser alérgico a algún alimento es menos frecuente de lo que muchos piensan (un estudio desveló que sólo 4 de cada 24 personas que creían sufrir ese problema realmente eran alérgicos a la comida). Sin embargo, la cantidad de afectados no es nada despreciable: en España, un 2% de la población adulta y un 7% de los niños en el primer año de vida es alérgica a algún producto.

Algunos de estos pacientes pueden reaccionar de forma fatal frente a ellos. Han de evitarlos para no arriesgar su vida y llevar en el bolsillo Adrenalina autoinyectable por si se desencadena el choque anafiláctico. Sin embargo, en España todavía no se comercializa este salvavidas y los afectados tienen que salir del país para conseguir las ampollas que pueden ahorrarles un buen susto tras ingerir un ingrediente equivocado en la comida.
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La alergia a los alimentos ocurre cuando el sistema inmune reacciona frente a una proteína determinada de la comida. La reacción más común es la formación de anticuerpos IgE (inmunoglobulina E). El proceso es el siguiente: la primera vez que se ingiere el alimento causante de alergia, el organismo produce las IgE específicas contra alguna proteína de ese producto. La siguiente vez, los anticuerpos reaccionan contra la comida estimulando la fabricación de histamina y otras sustancias químicas (llamadas mediadores) que causan los síntomas de la alergia: urticaria, eccema, angioedemas (se hinchan los labios, los dedos de las manos, de los pies, etcétera), shock (poco frecuente) y dermatitis atópica. En el primer año de vida, no obstante, los síntomas más comunes son diarreas, dolores abdominales y vómitos.

En España empiezan a darse más ejemplos de alergia a productos que han entrado hace relativamente poco, como es el caso del kiwi, y, curiosamente, también a ciertos alimentos que están muy arraigados en esta cultura, como el ajo y la cebolla. La susceptibilidad a uno u otro alimento varía también según la edad. En el primer año de vida, las mayores amenazas suelen centrarse en la leche, los huevos, el pescado y los cereales. En el segundo, los que causan más problemas son las frutas (sobre todo las rosáceas: melocotón y albaricoque) y los cítricos. En el tercer año de edad pasan a formar parte de la lista negra el pescado y los frutos secos (cacahuete, avellana, nuez y almendra). Pueden provocar problemas el pescado blanco (merluza, gallo) y los cefalópodos (calamar, sepia). El marisco (crustáceos y bivalvos) ocupa el tercer puesto dentro de los pescados problemáticos. La mostaza, una especia utilizada frecuentemente en los ambientes urbanos, puede producir reacciones violentas de hipersensibilidad inmediata, especialmente en personas con historia de polinosis.
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Hoy por hoy, no existe ninguna medicación para prevenir las alergias a los alimentos. Evitarlos de manera estricta es la única forma de impedir la reacción contra ellos. La dieta de exclusión es uno de los tratamientos de elección. Es fácil en los niños, en los que si la alergia es a la leche de vaca, por ejemplo, se pueden buscar leches alternativas, como los hidrolizados de seroalbúmina, o de caseína, o de soja.

Fármacos como la Adrenalina o los antihistamínicos resultan útiles cuando se produce la reacción.

La duración de estos cuadros a lo largo de la vida también es variable. En el primer año de vida la alergia a la leche, por ejemplo, suele ser transitoria, solucionándose a los 18-24 meses. En cambio, la alergia al huevo suele durar 10 o 15 años o toda la vida. La hipersensibilidad a los frutos secos y pescados, por otro lado, también es duradera.

En la mayoría de los casos, la alergia a los alimentos es relativamente inofensiva. Pero en un pequeño porcentaje de individuos estas reacciones pueden desembocar en enfermedades devastadoras o ser fatales y poner en peligro la vida. Los alimentos que provocan las reacciones más fuertes son el pescado, el marisco, la leche, los huevos, las nueces, la mostaza, los hongos y legumbres como la soja.

Para evitar los sustos, los expertos recomiendan unos consejos de sentido común:
  • Si cree que es alérgico a algún alimento, consulte sus sospechas con su médico y no haga experimentos para confirmarlo.
  • Si ya conoce a qué es alérgico, evite el consumo de los productos que provocan la reacción.
  • Compruebe los ingredientes que aparecen en la etiqueta (para una persona alérgica a la leche, por ejemplo, se han de evitar ingredientes como crema, lactoalbúmina o caseinato de calcio).
  • Ponga al corriente a los demás de la situación de la persona afectada (si es un niño, a los profesores, cuidadores, etcétera) y esté siempre en guardia por si sobreviene una reacción grave.
  • Por último, cuando salga a comer fuera, es conveniente preguntar por los ingredientes de las comidas. Si hay alguna duda con respecto a lo que hay en el plato, es aconsejable no comer. Es mejor estar seguro que lamentarlo después.
Si alguien tiene una reacción alérgica a una comida determinada, el médico le aconsejará que evite no sólo ese alimento sino también los que se le parezcan.
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Los adultos normalmente no pierden sus alergias. Los niños, sin embargo, sí. Aunque todo depende del producto. Es más fácil liberarse de una alergia a la leche que a la de los cacahuetes.

En cuanto al tratamiento, ya hemos mencionado que se utiliza un antihistamínico de forma preferente. Polaramine está bien, no vemos la necesidad de cambiarlo por otro antihistamínico.

¿Qué médico me puede tratar?

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