Se observa con máxima frecuencia en verano, en niños y adolescentes, en relación con los baños de agua dulce (piscinas, etc). El exceso de cerumen y la maceración o traumatismo del C.A.E. (bastoncillos, tapones, ...) predisponen a la infección por bacterias (Pseudomona, estreptococos) u hongos.
El pediatra diagnosticará fácilmente este problema, por los síntomas que refiere el niño, y ayudado por un otoscopio (un instrumento sencillo para mirar el oído).
Incluye una serie de medidas generales, tratamiento del dolor con analgésicos tipo paracetamol, aspirina, ibuprofeno o codeína, y el empleo de gotas óticas que incluyan un antibiótico al que el microorganismo causal sea sensible (ciprofloxacino, gentamicina, etc) y un antiinflamatorio. Si existe afectación del tímpano, inflamación del pabellón o ganglios en la zona, hay que añadir un antibiótico por boca (amoxicilina/ácido clavulánico, cefuroxima, etc). Las recidivas son muy frecuentes. Para evitarlas, conviene:
No bañarse (o al menos, no mojarse la cabeza al bañarse).
No ducharse ni lavarse el pelo sin protección de los oídos.
No usar tapones ni algodón en los oídos, que retienen la humedad.
No usar bastoncillos de algodón, que lesionan el C.A.E.