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Hay muchos problemas cardíacos que pueden producir síncopes. Los más importantes son las arritmias, sobre todo los bloqueos y las taquicardias graves, o ritmos demasiado rápidos, que hacen que el corazón no tenga tiempo de llenarse del todo en cada latido y que no pueda por tanto proporcionar sangre suficiente al cerebro. Un problema de funcionamiento en la válvula que existe a la salida de la arteria más importante del organismo (estenosis aórtica) puede comprometer la llegada de sangre a todos los órganos y ser causa de síncope.
El sistema nervioso vegetativo (o autónomo) controla el bombeo del corazón y la presión en las arterias. Cuando deja de funcionar correctamente por infinidad de razones distintas pueden ocurrir síncopes. Esto incluye al síncope vaso-vagal, con mucho la pérdida de conciencia más frecuente en gente joven, y que consiste en un mareo o desmayo precedido de sudoración fría, náuseas o visión borrosa, que ocurre generalmente por un estímulo psicológico, y que se recupera sin secuelas en pocos segundos.
Hay ciertos medicamentos (antifúngico, antiulcerosos, antihistamínicos, etc.) que pueden alargar la repolarización cardiaca, por ello en personas con ritmos cardiacos lentos (deportistas) deben evitarse durante la realización del ejercicio.
En cualquier caso, si uno ha sufrido uno o más síncopes, hay que consultar al médico, quien decidirá si tiene uno que ser valorado, o no, por un cardiólogo, un neurólogo u otro tipo de especialista.