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DEFINICIÓN
La gripe es una enfermedad causada por un virus (virus
de la influenza) que se transmite de persona a persona a través
de la tos, de los estornudos y de objetos directamente contaminados. Tiene
como particularidad ser un virus de fácil mutación; de esta
forma el virus circulante en invierno será, probablemente, diferente
al del invierno anterior y, por tanto, la inmunidad adquirida previamente
puede no ser efectiva.
Los síntomas más frecuentes son,
además del quebrantamiento del estado general, escalofríos, fiebre
de hasta 40º C, estornudos, tos, dolor de cabeza, molestias musculares, dolor
de garganta, etc ... La fiebre dura generalmente de 3 a 5 días y,
si hay complicaciones, la recuperación completa se produce entre
una y dos semanas.
PREVENCIÓN
En el caso de la gripe existe una vacuna preventiva recomendable. Todos los años, la Organización
Mundial de la salud recomienda la composición de la vacuna a utilizar en esa temporada, en aquellas personas incluidas en los grupos de riesgo,
entre los que cabe destacar, fundamentalmente, a personas ancianas, ciertos enfermos, grupos que puedan transmitir la enfermedad a personas con riesgo
y aquellos que trabajen en ciertos servicios públicos.
MEDIDAS GENERALES
La gripe debe seguir siempre su curso, pero se pueden tomar ciertas medidas para aliviar los síntomas:
- Acentuar el reposo.
- Tomar un analgésico suave para calmar las molestias, siempre y cuando no tenga contraindicaciones.
- Beber agua y zumos en abundancia.
Asimismo, es de interés extremar las medidas higiénicas habituales (pañuelos desechables, ...). Recordar que taparse la nariz y la boca al estornudar y/o toser evita la transmisión de la enfermedad a las personas que rodean al enfermo.
TRATAMIENTO
No hay ningún medicamento que cure la gripe, de modo que su tratamiento se reduce al alivio de los síntomas (antitérmicos, analgésicos, ...).
Es necesario recordar que al ser un proceso vírico no es eficaz el tratamiento con antibióticos, pudiendo dar lugar, en cambio, a resistencias bacterianas. Los antibióticos sólo se deben administrar bajo estricta prescripción médica y para tratar o prevenir las complicaciones, en personas cuyo estado de salud previo así lo aconseje.
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HAY QUE CONSULTAR AL MÉDICO:
- Si no desaparece la fiebre pese al tratamiento.
- Si aparece dificultad para respirar en reposo.
- Si se está incluido en algún grupo de riesgo.
- Si aparece algún síntoma que la experiencia propia no reconozca como de gripe, o aumente mucho su intensidad.
- Si no cesa la tos en diez días.
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