INFECCIONES URINARIAS
Las infecciones urinarias se dan con más frecuencia en los diabéticos que en la población general. Esta disparidad es más aparente que real, debido, en cierto modo, a la frecuencia con que se realizan análisis de orina los diabéticos. Las infecciones son a menudo graves.
Debido al riesgo de infecciones graves, sólo
se debe realizar un sondaje vesical a diabéticos cuando existen
razones que lo justifiquen.
El tratamiento es el convencional, aunque es necesario
que dure más para lograr la curación completa. Es fundamental
realizar exámenes frecuentes para detectar recaídas y recurrencias.
NEFROPATÍA
DIABÉTICA
Debido a las alteraciones que se producen en la
estructura
renal en los pacientes diabéticos, la función depuradora
de la sangre que lleva a cabo este órgano se van deteriorando de
forma progresiva, produciendo un aumento constante de las cifras de urea
en sangre y una pérdida progresiva de proteínas a través
de la orina. Esto da lugar a una hipoalbuminemia, o disminución
de proteínas y la consiguiente aparición de edemas (retención
de líquidos). Después de un período de años,
aparece el cuadro clínico completo, con hipertensión,
edemas periféricos importantes y uremia (aumento de la urea en sangre).
Algunas complicaciones, como el infarto de miocardio,
la insuficiencia cardíaca, los accidentes cerebrales, la neuropatía
(lesiones en nervios periféricos) y la enfermedad vascular periférica (ver
arterioesclerosis de las extremidades), agravan el problema.
La eliminación de albúmina en la orina
es uno de los signos fundamentales que nos va a permitir predecir el grado
de lesión renal.
Cuanto mayor es la tasa de excreción de albúmina,
mayor valor tiene como factor predictivo de la aparición posterior
de nefropatía clínica, siempre que se excluyan otras causas
que pueden provocarla (mal control de la diabetes, hipertensión,
infecciones, ejercicio )
La prevalencia de nefropatía en los diabéticos
insulino dependientes aumenta con la duración de la enfermedad.
Muestra un predominio del sexo masculino.
El 45 % de todos los pacientes con DMID desarrollan
nefropatía clínica.
La nefropatía diabética es una complicación
grave y es la causa de muerte del 25 % de todos los DMID.
Durante los primeros años de DMID se puede
encontrar microalbuminuria (albúmina en orina solo detectable mediante
análisis especifico) si se busca. Después de 15 años
aparece la macroalbuminuria (albúmina detectable mediante un análisis
normal de orina), que al principio puede ser intermitente y/o provocada
por el ejercicio. Posteriormente, la albuminuria es persistente y aumenta
de intensidad.
Los pacientes con una proteinuria de aparición
tardía mostraron una supervivencia inferior a la de los pacientes
con proteinuria de aparición precoz, lo que puede reflejar una heterogeneidad
de la nefropatía diabética.
La función renal puede permanecer normal durante
años y, posteriormente, empieza a disminuir.
La ausencia de otras complicaciones diabéticas,
sobre todo de la retinopatía, sugiere que la diabetes puede no ser la causa
de la insuficiencia renal.
El control estricto de la DM y de la hipertensión
puede enlentecer la progresión inevitable hacia la insuficiencia
renal terminal. Los requerimientos de insulina disminuyen, porque también
disminuye el catabolismo (eliminación metabólica) renal de
la insulina. En los pacientes tratados con antidiabéticos orales,
estos medicamentos deben sustituirse por insulina cuando aparece la insuficiencia
renal, para evitar los fenómenos de acumulación.
Una vez establecida la insuficiencia renal, la elección
se sitúa entre la diálisis y el trasplante.
Para algunos pacientes la hemodiálisis se
utilizará como tratamiento temporal, mientras que en otros es el
tratamiento de elección o el de reserva (en caso de que falle la
diálisis peritoneal).
El trasplante debe ser la primera elección,
sobre todo en pacientes jóvenes, y debe realizarse tan pronto como
el aclaramiento de creatinina caiga por debajo de 15 ml min.
La calidad de vida después de un trasplante
con éxito es muy superior a la de cualquier otro tratamiento, aunque
la retinopatía, los problemas vasculares centrales o periféricos
y las amputaciones pueden producir una mortalidad considerable.
La selección de los casos adecuados es de
gran importancia, sobre todo porque los donantes son escasos. La tasa de
supervivencia del injerto a los 2 años varía del 80 %, cuando
el donante es un familiar vivo del receptor, al 40 % cuando se trata de
un trasplante de cadáver.
En el riñón trasplantado aparecen las
lesiones histológicas características, pero hasta la fecha
no hay ninguna historia documentada de insuficiencia renal del riñón
injertado por nefropatía diabética.
Los pacientes más adecuados para el trasplante
son los menores de 40 años con buena visión y con neuropatía,
enfermedad coronaria y enfermedad vascular periférica leves.
VER TAMBIÉN
¿ QUÉ MÉDICO ME PUEDE TRATAR ?