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EL RECIÉN NACIDO PATOLÓGICO Y EL NIÑO CON ENFERMEDADES CRÓNICAS
Los psicólogos y los pediatras
llaman vínculo padres-hijo a las normales relaciones psicológicas entre los
padres y su hijo recién nacido, que empiezan a desarrollarse en las primeras horas
y los días posteriores al nacimiento. Esta relación psicológica normalmente es muy
intensa, y está influida por varios factores:
- por las experiencias de los padres cuando fueron criados por sus propios padres.
- por sus actitudes culturales y sociales hacia la crianza de los niños.
- por el desarrollo de su personalidad.
- por su deseo de tener un hijo.
- por la planificación psicológica de la llegada del recién nacido, que progresa a lo largo del embarazo.
El vínculo padres-hijo asegura el
apoyo necesario de los padres al niño durante sus años de desarrollo y mantiene el
desarrollo de la personalidad del niño.
Cuando el recién nacido es patológico
o prematuro, la situación es más difícil, ya que es frecuente la aparición de una
reacción inicial de rechazo al recién nacido, generalmente a nivel inconsciente, que
suele seguirse de una postura de sobreprotección, que no es igual que el vínculo
normal. Las atenciones de apoyo a los padres ayudan a minimizar su ansiedad y promueven
el proceso de vínculo.
Cuando los padres deben estar separados
de su hijo durante días (lo cual sucede, por ejemplo, cuando el bebé es llevado a la
incubadora, y la nueva madre no puede acunarlo, amamantarlo o mecerlo en sus brazos),
es muy posible que no se establezca el desarrollo de los vínculos normales (por ello,
en las modernas UVIs neonatales, a los padres se les anima a visitar al recién
nacido con frecuencia). El vínculo padres-hijo se refuerza si los padres pueden
alimentar, bañar y cambiar a su hijo, y si la madre puede dar el pecho a su
hijo enfermo, incluso cuando inicialmente deba alimentarse por sonda. Esto
estimula el contacto piel a piel, la sensación de "normalidad" dentro de lo
posible, y facilita que el recién nacido y los nuevos padres aprendan a
conocerse mutuamente, y a reconocerse por el tacto, el olfato, la voz, ...
Recién nacidos con malformaciones.
Cuando un recién nacido presenta un defecto de nacimiento, los padres deben verlo juntos
lo antes posible después del nacimiento, independientemente de su estado médico. Hay que
conseguir cuanto antes la comprensión y la aceptación del estado del propio hijo.
Niños con incapacidades crónicas.
Los procesos físicos que afectan las actividades diarias durante meses, o son causa de
períodos repetidos de hospitalización (asma, parálisis cerebral, espina bífida, fibrosis
quística, cardiopatías congénitas, diabetes, insuficiencia renal, epilepsia, cáncer,
hemofilia, ceguera, sordera, artritis juveniles, ...), en conjunto, afectan a
más del 10 % de todos los niños. Estos niños tendrán en común:
- el sufrir dolor y malestar,
- ver frenado su crecimiento y desarrollo,
- ser sometidos a frecuentes hospitalizaciones y visitas ambulatorias,
- soportar tratamientos dolorosos y molestos,
- no poder participar en las actividades de sus compañeros,
- necesitar múltiples cuidados diarios,
- seguir un curso en principio impredecible.
Para la familia, la incapacidad crónica de un niño
representa:
- perder el "hijo ideal",
- no ocuparse de los otros hermanos,
- mayores gastos en dinero y tiempo,
- verse envueltos en las complicaciones de los sistemas asistenciales (por ejemplo, seguridad social, mutuas),
- perder oportunidades (por ejemplo, una madre que no puede reanudar su actividad laboral)
- aislamiento social
Un estrés así puede acabar con la
familia, sobre todo si ya existen otros problemas conyugales o familiares de base.
Es probable que incluso los padres más capaces necesiten ayuda.
Esta ayuda suele proceder del médico
de asistencia primaria, el personal de enfermería y las asociaciones de afectados y de
sus familiares, que hacen que el niño y sus padres no se sientan solos, ni extraños
entre gente que no conoce o no comprende su problema o su estado psicológico. Las
asociaciones de estos tipos ofrecen ayuda psicológica en forma de terapia, en algunos
casos.
Determinadas circunstancias pueden
favorecer la obtención de otros tipos de ayudas, de carácter social, para ayudar en
el manejo del niño en casa, o educativo para favorecer su inserción en el mundo escolar
normal, o cuando esto no es posible para que puedan acceder a centros específicamente
diseñados para ayudarles.
Los resultados en gran medida
dependerán del grado de madurez de la familia, y de la comprensión y la aceptación
por parte de toda la familia del estado del niño, de forma que puedan establecerse
cuanto antes relaciones normales y el niño, aunque sea diferente de los otros, se
encuentre en un entorno similar al de los demás.
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