Los problemas de riego (aporte de sangre) en la arteriosclerosis ocurren antes en las
piernas o los pies.
Cuando se produce la oclusión de un vaso de las piernas por
arteriosclerosis, el pie se pone pálido, frío y doloroso.
A veces la oclusión va ocurriendo poco a poco, y el pie se va
haciendo más vulnerable a todo tipo de golpes e infecciones menores.
La gangrena consiste en la muerte real del tejido y,
generalmente, aparece como una mancha o un área de piel arrugada y negra cerca de
la base de los dedos o alrededor del talón.
Cuando la oclusión ocurre de repente, como ocurre en el
embolismo arterial, hay dolor severo y repentino con palidez y frialdad por debajo del
nivel del bloqueo.
La diabetes predispone a la arteriosclerosis de las extremidades, y además puede acompañarse de problemas en los nervios de las piernas (neuropatía diabética), con la sensibilidad disminuida en los pies, lo que hace más probable que se lesione el pie afectado. El llamado pie diabético es una gangrena del pie, que a veces es prácticamente indolora.