Los lactantes suelen regurgitar pequeñas cantidades de leche durante las tomas o después, cuando se les estimula a eructar.
Este fenómeno puede ser debido a una alimentación demasiado rápida o a la deglución de aire. En estos casos, suele ser útil usar biberones con tetinas más firmes y con agujeros más pequeños, y hacer que el niño eructe más a menudo.
A veces, la regurgitación excesiva puede ser un problema de sobrealimentación.
La aparición de vómitos puede indicar un trastorno más grave que la simple regurgitación, y si son muy pertinaces conviene estudiarlos. Los vómitos pueden ser signo de enfermedades o procesos como:
Los niños bien alimentados suelen encontrarse tranquilos o dormir poco después de recibir el alimento.
Los lactantes mal alimentados tienden a permanecer inquietos y se despiertan de 1 a 2 horas después de haber sido alimentados, dando la impresión de estar hambrientos. Estos signos de mala alimentación no son siempre evidentes o no son siempre apreciados por los padres.
Una ganancia de peso <200-250 gramos/semana en un lactante menor de 4 meses se considera insuficiente.
Si ocurre, hay que revisar los componentes y las proporciones de la leche que toma el lactante. También puede ser un signo de la incapacidad de los padres (falta de preocupación o negligencia).
Los lactantes alimentados al pecho que no presentan una ganancia ponderal adecuada pueden ser pesados antes y después de varias tetadas para determinar su ingesta de leche con más precisión. La dieta del lactante que recibe lactancia materna puede ser suplementada con una leche artificial adecuada y cereales.
Es mucho más frecuente que ocurran aumentos ponderales demasiado rápidos, objetivables en las curvas de crecimiento.
Signos indirectos de sobrealimentación son también el llanto y la regurgitación excesiva después de las comidas.
Dado que los problemas de obesidad podrían empezar con una alimentación excesiva durante la lactancia, los intentos por controlar la velocidad de aumento ponderal podrían ser de gran valor, sobre todo en los casos en que ambos progenitores son obesos (y, por tanto, existe un 80% de probabilidades de que el niño también lo sea).
El lactante normal puede tener deposiciones blandas frecuentes que no deben preocupar. Los lactantes alimentados al pecho tienden a presentar deposiciones frecuentes y espumosas, en especial si no reciben alimentos sólidos.
El comienzo súbito de una diarrea con vómitos, heces sanguinolentas, fiebre, falta de hambre o indiferencia puede deberse a una infección.
Una diarrea de bajo grado que persista durante semanas o meses puede ser consecuencia de distintos procesos, como enteropatía inducida por el gluten, la fibrosis quística, la malabsorción de azúcares y la gastroenteropatía alérgica.