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La epilepsia es una enfermedad del cerebro que provoca contracciones musculares cíclicas, presentándose en forma de convulsiones parciales o generales. La epilepsia suele abarcar todas las formas de convulsiones de origen cerebral que no tienen otro origen conocido, y afectan a un 0,5% de la población de forma crónica. Pero de forma transitoria puede afectar hasta el 5% de la población.
La aparición de las crisis convulsivas típicas de la epilepsia suelen relacionarse con las posibles causas. Suele comenzar en cambios hormonales (embarazo, menstruación) o por el gatillamiento de estímulos físicos como pueden ser estímulos de luz, ruidos, y tacto, pero en otros casos no se encuentra un origen preciso.
El estímulo para producir una crisis convulsiva es muy concreto en cada persona afectada de epilepsia, y a esta dosis o cantidad de estímulo se le llama "umbral de la convulsión". Parece ser que si el estímulo fuera altísimo todas las personas pudieran hacer una crisis convulsiva y en los epilépticos el problema es que su umbral es muy bajo.
El estímulo es transmitido por las células nerviosas que se comunican entre sí mediante mediadores químicos, y a través de ellas mismas se transmite por estímulos eléctricos, es decir que el proceso es químico y eléctrico. Estos estímulos se pueden detectar mediante un aparato de electroencefalografía que con unos electrodos especiales aplicados en diferentes zonas de la cabeza, y un transductor pueden verse reflejados en un gráfico de papel. Estos gráficos están alterados en las crisis convulsivas y en pacientes con epilepsia.
Las causas más frecuentes de las convulsiones son:
No existe una forma clara de prevención de las crisis convulsivas, pero una dieta equilibrada, dormir lo suficiente y no tomar alcohol o drogas puede hacer disminuir las crisis.
La epilepsia además de los síntomas típicos de convulsiones recurrentes y crónicas puede acompañarse de dolor de cabeza, cambios en el humor o nivel de actividad, mareos, desmayos, confusión y pérdida de la memoria.Algunas personas presentan un "aura", que son sensaciones personales que indican que una convulsión es inminente, justo antes de sufrir una convulsión generalizada.