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    Enfermedades infecciosas durante el embarazo


    Información general

    Existen infecciones que, si afectan a la madre durante el embarazo, pueden ser peligrosas para el feto ya que son capaces de pasar hasta el feto a través de la placenta y provocar lesiones. Estas infecciones suelen ser leves o subclinicas en la madre (rubéola, CMV, toxoplasmosis), aunque éste no es siempre el caso (sífilis). Una vez infectado, el feto puede morir pero, lo que es más importante, puede sobrevivir y nacer con una infección (VIH, toxoplasmosis), y a menudo con unas malformaciones características (rubéola, sífilis). La rubéola es la única infección congénita que puede evitarse en el momento actual mediante la vacunación.

    • Rubéola congénita: El feto es particularmente sensible a la rubéola cuando la infección materna se produce durante los primeros tres meses de embarazo. En esa época se están formando el corazón, el cerebro, los ojos y los oídos, y el virus interfiere con su desarrollo. Si el feto sobrevive puede mostrar ciertas anomalías.
    • Infección congénita por citomegalovirus (CMV): Es una infección materna primaria durante el embarazo, alrededor del 40% de los fetos se infectan y un 5% de ellos muestran signos en el nacimiento. No se sabe sí el feto es especialmente vulnerable a ciertas fases del embarazo. El feto también se infecta tras la reactivación del CNIV en madres inmunizadas (seropositivas) por el embarazo, pero la lesión fetal es entonces infrecuente. Hasta el 1-2% de los niños nacidos en Estados Unidos están infectados (menos en el Reino Unido) y hasta aproximadamente el 10% de ellos son sintomáticos.
    • Sífilis congénita: Debido a la detección selectiva serológica habitual para la sífilis en las clínicas prenatales y al tratamiento con penicilina, la sífilis congénita actualmente es rara, pero es más frecuente en los países en vías de desarrollo. Las características clínicas en lactantes son la rinitis (ruido al respirar), las lesiones cutáneas y de mucosas, la hepatoesplenomegalia, la linfadenopatia y las alteraciones óseas, dentales y cartilaginosas (nariz en silla de montar).
    • Toxoplasmosis congénita: La infección asintomática por Toxoplasma gondii durante el embarazo puede producir malformaciones fetales. Aproximadamente el 35% de los adultos sanos están inmunizados ante la Toxoplasma gondíi. Las características clínicas de toxoplasmosis congénita en los niños incluyen las convulsiones, la microcefalia, la coriorretinitis, la hepatoesplenomegalia y la icterícia, con hidrocefalia, retraso mental y defectos visuales. A menudo no hay alteraciones detectables en el nacimiento, y los signos suelen aparecer al cabo de algunos años. La incidencia de infección y lesión (que provoca aborto, nacimiento de niños muertos o enfermedad en el recién nacido) aumenta desde el 14% cuando la infección materna se produce en el primer trimestre hasta el 59% cuando se produce en el tercer trimestre.
    • Infección congénita por VIH. Alrededor del 20% de los niños nacidos de madres infectadas por el VIH sufren infección en el útero. Desde el punto de vista clínico, la infección congénita por el VIH se manifiesta en forma de poco aumento de peso, retraso en el desarrollo, neumonitis línfocítica, adenopatias, hepatoesplenomegalia, diarrea y neumonía, y algunos lactantes sufren encefalopatía y SIDA durante el primer año de vida. La infección puede tener lugar durante o poco después del nacimiento.
    • Listeriosis congénita y neonatal. La exposición materna a animales o alimentos infectados por Listeria puede provocar la muerte del feto o malformaciones. Se distribuye en todo el mundo en una gran variedad de animales que incluyen el ganado vacuno, los cerdos, los roedores y los pájaros, y la bacteria está presente en las plantas y el suelo. Listeria puede crecer a temperaturas de refrigeración habituales (por ejemplo, 3-4 ºC). La transmisión al hombre se produce por contacto con animales infectados y sus heces o consumo de leche no pasteurizada, quesos blandos o verduras contaminadas. En la mujer embarazada provoca una enfermedad gripal leve pero se produce una bacteriemia que infecta la placenta y después al feto. Esto puede provocar un aborto, un parto prematuro o una neumonía con abscesos. El lactante también puede infectarse poco después del nacimiento, por ejemplo, a partir de otros niños o del personal del hospital, lo que puede provocar una enfermedad meningítica.
    Tome medidas

    Es importante para la mujer embarazada tomar serias medidas para evitar infecciones. Para evitar los mecanismos de contagio es recomendable que:

    • Tome precauciones en el contacto con gatos y otros animales domésticos.
    • No coma carne ni huevos crudos, ni embutidos poco curados. Debe lavarse las manos después de tocar la carne en la cocina y debe evitar comer frutas o verduras frescas al lavadas.
    • Debe evitar el contacto con enfermos portadores de una infección de cualquier tipo y no exponerse a contraer enfermedad de trasmisión sexual. En estos casos se aconseja la utilización de preservativo. La mujer que mantiene relaciones con varios compañeros sexuales tiene mayores probabilidades de contraer una enfermedad de transmisión sexual, que puede ser peligrosa para la madre y el feto.