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La fibrosis quística (FQ) o mucoviscidosis es la enfermedad genética y hereditaria más frecuente en la raza blanca. Afecta a las glándulas secretoras del cuerpo, causando daños a órganos como los pulmones, páncreas, hígado y a los aparatos digestivo y reproductor. Las personas que tienen FQ, producen un moco muy viscoso, que tapona los pulmones y el sistema digestivo, haciendo difícil la respiración y la correcta asimilación del alimento.
Aproximadamente uno de cada 2.500 niños nace con fibrosis quística. Se calcula que una de cada 25 personas es portadora del gen defectuoso que causa la FQ. Los portadores son completamente sanos, no padecen la enfermedad, pero sí pueden transmitirla. Si ambos padres son portadores de un gen FQ defectuoso, existe una posibilidad entre cuatro en cada embarazo de que el hijo de padezca FQ (si hereda el gen defectuoso de cada cónyuge).
El diagnóstico de fibrosis quística (FQ) se confirma generalmente con un test del sudor (iontoforesis): los pacientes de fibrosis quística segregan cantidades excesivas de sal en el sudor. También se pueden realizar análisis genéticos con muestras de sangre.
Por el momento no hay cura para la FQ. Sin embargo, los avances en los tratamientos están ayudando a los pacientes a controlar los síntomas, y la esperanza de vida se ha visto incrementada en los últimos años, de forma que los pacientes de FQ llegan a la edad adulta, muchas veces disfrutando de una vida activa y casi normal.
El futuro está puesto en la terapia génica, mediante la cual se podrá sustituir el gen defectuoso causante de la FQ por uno normal que funcione correctamente.
Actualmente la fibrosis quística se tiende a tratar en Unidades de Referencia, que permiten una particular vigilancia y seguimiento de los pacientes.
Los padres y la familia son un apoyo fundamental para que el paciente crezca en un ambiente de normalidad y responsabilidad respecto a su tratamiento. También tienen un papel fundamental las asociaciones de padres de enfermos.
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