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    ¿Es sano masturbarse?
    Pregunta:

    He visto hombres masturbándose, ¿eso es sano para ellos? Considero que es como dañarse su órgano genital.

    Respuesta:

    La masturbación es sin duda alguna, la conducta sexual más practicada por los adolescentes. Si bien los tabúes manifiestos o latentes que la sociedad ha guardado siempre hacia la masturbación van cayendo, cierto es que todavía algunos padres y educadores no se resignan a dejar de lado sus propios temores y afrontar con naturalidad, con veracidad y confianza la realidad: la masturbación es, a todos los efectos, una conducta autoerótica psíquica y físicamente inofensiva, sin reservas ni peros.

    Al estar asociada a un estimulo imaginario (el fantasma), permite dar curso a todo tipo de tendencias mas o menos latentes: las fantasías sádicas, masoquistas, homosexuales, fetichistas o narcisistas y favoreciendo un preciado aprendizaje en el arte del placer.

    La mayoría de los prejuicios al respecto estriban en considerar las prácticas masturbatorias como la causa y no como el efecto de los conflictos que ya existen de forma latente en la personalidad.

    Un chico o una chica que asocien a la masturbación una fantasía homosexual o sádica no por ello van a convertirse en homosexuales a sádicos. Bien al contrario. Las tendencias preexistían y la masturbación no hace, sino darles cauce, sin confirmarlas ni reprimirlas, pues no se trata de una situación real sino imaginaria, con los objetos del deseo.

    No cabe duda que una conducta masturbatoria reiterada, de carácter compulsivo que no permite al sujeto otras formas de relación, debe ser objeto de atención. Pero no como perniciosa en si misma, sino como síntoma de un conflicto interior de muy distinto calibre.

    Tanto en el adolescente como en el adulto, por otra parte, sorprenden las diferencias individuales en cuestión de frecuencia y duración. El sujeto que se masturba un par de veces al mes, se mostrará preocupado por hacerlo una vez a la semana; el que tiene por costumbre masturbarse dos o tres veces por semana considerará excesivo hacerlo con más frecuencia, y finalmente el que lo hace diariamente se angustiará si alguna vez dos veces en el mismo día.

    Nada permite afirmar que hay un ritmo normal u óptimo para todos los sujetos y ni siquiera para cada uno de ellos. Los fracasos o por el contrario las excitaciones, variaran los ritmos de cada uno sin otra consecuencia que la angustia misma, producto del sentimiento de culpabilidad, que a todas luces, es lo único de malo que hay en la masturbación.

    La identidad sexual del adolescente. Este es uno de los puntos que de distinta manera, suscitan mayor inquietud en el adolescente y en su familia. El adolescente protagonista por la recreación de los conflictos psíquicos tempranos ligados al complejo de Edipo, a la castración y a la culpa en relación a las presiones que recibe de su propia sexualidad. En los padres, por la voluntad de ayudar a sus hijos a tomar un camino correcto como adultos sexuados.

    La necesidad imperiosa como nunca anteriormente, de satisfacción sexual tiene para el adolescente, como para el adulto, cualquiera de estas tres formas de solución, que justo es decirlo no se excluyen mutuamente: autoerotismo, (masturbación) homosexualidad y heterosexualidad.

    Pero debe distinguirse muy precisamente entre lo que podría entenderse como un alivio o descarga de tensiones, sexuales o no, mediante la sexualidad y lo que es la identidad sexual en la realidad psíquica del individuo.

    Durante este periodo, el ser humano libra una dura batalla en ambos frentes: para liberar sus tensiones sin transgredir lo que le ha sido prohibido, aumentando con ello su culpabilidad, y para reconocerse a sí mismo como ser deseante y deseable. Es por tanto desde esta dualidad de significación, que debe afrontarse toda posible intervención de los padres en la vida sexual de los hijos. Los juegos sexuales, la asiduidad de las prácticas masturbatorias, los ritos de iniciación, las conquistas y los escarceos más o menos intensos con el sexo opuesto, nada de ello determina de forma concluyente cuál va a ser la orientación sexual ulterior del adolescente.

    El castigo, la represión y la censura de estas u otras formas de conductas sexuales adolescente, que suelen ser transitorias y episódicas, tienen en este periodo de ambigüedad profundos efectos culpabilizantes que no compensan en modo alguno la parquedad de resultados que tales drásticas intervenciones consiguen.

    El adolescente podrá no repetir tal o cual conducta, pero lo más probable es que si el deseo persiste (y ahí la intervención sancionadora de los padres, pese a quien pese, poco puede lograr) la sigue adoptando de forma clandestina, culpabilizándoce inútilmente por ello.

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